martes, 17 de marzo de 2015

INTENSA VENEZUELA, testimonio misionero de David Rolo FMVD


Hace pocas semanas que he regresado de Venezuela. Los dos meses iniciales se convirtieron en cuatro casi sin quererlo. Mucho o poco tiempo, dependiendo de los criterios con los que se juzgue. Personalmente, más que corta o larga podría definir la experiencia como “intensa”. En esta Venezuela todo es intenso, exageradamente intenso. Las cosas cotidianas de cada día adquieren unos tintes de intensidad y dramatismo que no he visto en los diferentes países que he podido recorrer en estos veinte años de vida misionera. ¿Qué puede tener de  “intenso” comprar papel higiénico? En Venezuela algo tan trivial en la mayoría de nuestros países se vuelve casi una aventura. Aventura es salir a comprar productos básicos; aventura es encontrar medicinas; y el tema se transforma en “aventura extrema” cuando hay que afrontar una hospitalización, una operación, o a veces un simple análisis de sangre. Tantas y tantas realidades intensas dentro de la cotidianidad que prefiero no tener que hacer una lista, porque rallaría el absurdo para quien no las ha vivido desde dentro. Y no quisiera que ningún venezolano que estuviera leyendo estas palabras piense que estoy echando tierra a la realidad de este maravilloso país. Mi intención es justo la contraria. Confieso que he regresado también intensamente enamorado de sus gentes, de su alegría, de su fe. No todo lo que ocurre en Venezuela es malo: la bondad de su gente es lo mejor que hay en este hermoso lugar caribeño. Justo por eso el contraste con la realidad actual se hace más sangrante…

Como comentaba al inicio, en un principio mi viaje iba a ser de dos meses. Mis compañeros misioneros que están en Barquisimeto necesitaban un poco de ayuda fruto de la gran cantidad de trabajo pastoral que tienen que afrontar, y se dieron las circunstancias para que yo pudiera ir. Posteriormente el tiempo inicial se extendió hasta los cuatro meses, tras los cuales regresé a Roma, donde vivo habitualmente (o al menos, donde está mi cama y mis pocas pertenencias, porque paso la mayor parte del año de viaje…).


Confieso que algo de mi corazón misionero despierta cuando piso Latinoamérica. El piropo más hermoso que he recibido jamás es que dijeron de mí hace unos años que soy un europeo con corazón latino. Por eso mismo, la experiencia personal que he vivido en estos meses ha sido también “intensa”. La Parroquia de la Santa Cruz, que atienden pastoralmente mis hermanos, ha sido el espacio fundamental de mi labor misionera en este tiempo. Se vive lo que estamos acostumbrados a ver en nuestras parroquias en España, pero todo más “intenso” (perdón si me estoy haciendo pesado con esto…). ¿Misas? Muchas y largas, llenas de canciones, de aplausos, de gestos y de mucha gente que no tiene prisa y desea escuchar la Palabra sin mirar el reloj. ¿Confesiones? Muchas… y muy duras, como no podía ser de otro modo en un país que es el segundo con mayor inseguridad del mundo. ¿Grupos parroquiales? Muchos. Niños de catequesis, muchos también. Como os digo, todo muy intenso. Además, pude apoyar el trabajo de Pastoral universitaria en diferentes facultades, en las que se hace imprescindible que la fe sea motivación e inspiración para los jóvenes a los que les tocará reconstruir el país desde los valores del Evangelio. Y como tercer elemento fundamental de mi misión en esos meses, el acompañamiento de la Familia Misionera Verbum Dei, el grupo de laicos que comparten con nosotros espiritualidad, carisma y misión, y que como un pequeño grano de mostaza da la vida en medio de la dificultad para que Jesús sea conocido.

¿Volveré algún día a Venezuela? Bien sabe Dios mi total disponibilidad para ir donde Él me quiera, a pesar de mis miedos y limitaciones. Pero si no regresara nunca, tengo claro que sus gentes están ya sembradas para siempre en mi corazón. Mientras tanto, intento ser un humilde testigo de su cruda realidad, consciente de que cuanto más se conozca, mayor será el apoyo y la oración que podamos ofrecer por todos ellos. Si la realidad es intensa, no menos intensa necesita ser nuestra oración…

David Rolo Cabello
Misionero Sacerdote de la Fraternidad Misionera Verbum Dei