martes, 25 de octubre de 2016

Testimonio misionero del Padre Longinos López: Si uno siente la llamada a "salir" hay que dejarse en las manos de Dios


Hace muchos años salí de mi tierra y  “dejé” a mi gente. Llegue a Uganda en 1978, aunque sigo siendo de mi tierra y de mi gente, a pesar de los años fuera, de todas las diferentes vivencias en una tierra y con gente muy diferentes.

Soy el misonero comboniano Longinos López, de Alía, Cáceres, diócesis de Toledo. Para salir , dejando personas muy queridas, ambiente, cultura, lengua etc., hay que sentir esa fuerza que solamente puede venir de Dios, viene sin apenas saber cómo y porque a mí, concretamente. No se puede salir simplemente como aventurero, medio turista a ver, o decir voy a ayudar, esto se suele oír con muchas frecuencia en boca de mucha gente, no es suficiente si uno va en serio,  muchas veces sin saber donde ni como. Sentir la llamada por parte de Dios y a la vez por parte de esas personas diferentes, nuevas a uno, quizás demasiado diferentes, llevara su tiempo por diversas razones: lengua, cultura, mentalidad, incluso el color de la piel entre otras.


No se puede ser ingenuo, y salir así sin más, uno necesita preparación, dejar que Dios vaya haciendo también su trabajo en nosotros y en los demás, que nos sintamos disponibles, decididos, si es que así Él lo quiere y sin duda que nos lo ira manifestando, en personas, acontecimientos, en la Oración, en la Eucaristía.

Sentía en mí mismo la Fraternidad, más allá de mis familiares, amigos y gente de mi propio país. Muchas veces no es fácil hacer realidad la Fraternidad allí donde uno se pueda encontrar, es un proceso, aunque la palabra así dicha suena bien. 

Si uno siente la llamada a “salir” hay que dejarse en las manos de Dios, y lanzarse sin miedos, sin poner límites al tiempo, a lugares o situaciones a veces agradables y muchas veces dolorosas, inseguras, complicadas, incomprensibles para nuestra mentalidad y nuestra forma de ver las cosas y acontecimientos.

El idealismo ya sea juvenil o no, puede ayudar, pero con frecuencia se suele romper en trozos, que nos puede desconcertar y ponernos en crisis personal de fe, de identidad, de preguntarnos si lo que hago, es lo aconsejable o hay que buscar otras posibilidades.

Esto me llevo o nos puede llevar a renovar la Fe, el hecho propio de la salida de la tierra, hacer un gran lugar en nuestras vidas a la Paciencia y sin duda recuperar la Esperanza.

Amigos y amigas, lo que digo en estas líneas, es lo que yo he podido vivir en todos  estos años en Karamoja, y sigo viviendo en mi vida misionera. Desde los años de terrible violencia, guerras, inseguridades, a años, últimamente de relativa calma, un desarrollo lento, pero a mejor, con posibilidades de un futuro mejor para millones de ugandeses, tanto a nivel social, como a nivel de compromiso cristiano, por una tierra Uganda diferente y donde la vida va siendo más humanizada para todos, con sus más y sus menos, pero siempre con mucha Esperanza, con una sonrisa, y en camino, sin parar.

Saludos desde Karamoja, en Uganda, Un fuerte abrazo, P. Longinos López