miércoles, 30 de noviembre de 2016

50 números de Manos Misioneras: "Comunicar en la Misión, comunicar desde el Evangelio"


“La dulce y confortadora alegría de evangelizar”; con este título encontramos el Capítulo II de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, del Papa Francisco, que da sentido a la publicación Manos Misioneras, que llega al número 50 este mes de noviembre.

Cuando nació Manos Misioneras, publicación mensual que habla del Toledo Misionero, de la Diócesis Misionera de Toledo, el objetivo era sencillo: acercar las actividades misioneras de la Diócesis a los misioneros, acercar los misioneros a la Diócesis.

Durante estos 50 números, por sus páginas, que se editan en formato digital, con envío en PDF y que se encuentran también en la página web www.misionestoledo.org, han pasado misioneros y misioneras, actividades del DOMUND, actividades de Obras Misionales Pontificias (OMP), visitas de misioneros, testimonios de misioneros (desde su misión y regresados), además de informaciones de interés que han sido demandadas por colaboradores de Misiones Toledo.

Si “el bien siempre tiende a comunicarse” (EG 9), y además “toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla. Por eso, quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien” (EG 9), desde Manos Misioneras hemos pretendido transmitir el Bien, es decir el Evangelio, desde el testimonio de los misioneros, que son los rostros del Evangelio en muchos lugares del mundo, que son los rostros de Jesucristo en el encuentro y en la vivencia de la fe con nuestros hermanos de los cinco continentes.

“¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!” (1 Co 9,16); es nuestro propósito y objetivo esencial: anunciar a Jesucristo, anunciar el Evangelio, gracias a la colaboración de nuestros misioneros, que con su testimonio nos “misionan”, porque como recordaba, recientemente, el Obispo misionero de Toledo, natural de los Cerralbos, Obispo de la Prelatura de Cafayate, Monseñor José Demetrio Jiménez, en las misiones, “más que misionar, uno es misionado por la gente”. Eso también nos pasa con Manos Misioneras: en su elaboración somos misionados.

50 números podrían dar para mucho, pero queremos que den para más. Por eso contamos con la alianza y la colaboración de nuestros misioneros y misioneras, los protagonistas que nos hacen transmitir las vivencias misioneras y las anécdotas que viven en sus respectivas misiones. Con su vida, en lo diario, en lo cotidiano, descubrimos la plenitud de la fe en lugares de África, de América, de Asia, de Oceanía, de Europa. Con sus palabras hacemos realidad la unión de todas las manos misioneras para acrecentar la animación, la dinamización, el espíritu misionero que nos congrega a todos.

Desde octubre del año 2012 hemos sido puntuales a la cita, transmitiendo lo que nuestros misioneros han querido compartir con la Archidiócesis de Toledo. También hemos seguido el trabajo de nuestro Arzobispo, Mons. Braulio Rodríguez Plaza, como presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y de Cooperación con las Iglesias. Las actividades que nuestro Delegado, Jesús López Muñoz, ha desarrollado en la Archidiócesis, en la animación y la dinamización misionera; así como las que el Consejo Diocesano de Misiones y colaboradores de la Delegación también han realizado.


Y, ¡cómo no!, hemos compartido la huella misionera, a través de sus permanentes alusiones, escritos, tweets y mensajes, que el Papa Francisco nos hace como Discípulos Misioneros, invitándonos a la “salida misionera”, que no podemos demorar. ¡Es nuestra vocación misionera!

Siguiendo las páginas de Manos Misioneras también encontramos, a lo largo de estos 50 números, momentos aparentemente difíciles. El ébola, terremotos, hambrunas, falta de medios… ha sido una enseñanza constante la que nos han transmitido nuestros misioneros y misioneras.

En los momentos de más dificultad hemos encontrado la fortaleza de la fe, tanto en los misioneros como en sus comunidades eclesiales, en sus parroquias, en las Diócesis en las que desarrollan su misión pastoral. Han sido testimonios que ayudan a fortalecer el encuentro con la caridad, con la esperanza y con la fe. Los misioneros, con su sencillez y humildad, han sido capaces de ponernos ante preguntas que hacen reavivar nuestra propia fe y presencia misionera.

Hemos creado puentes. Como dice el Papa Francisco, en su último Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, la “comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad. Es hermoso ver  personas que se afanan en elegir con cuidado las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos. Y esto es posible tanto en el mundo físico como en el digital. Por tanto, que las palabras y las acciones sean apropiadas para ayudarnos a salir de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio. La palabra del cristiano, sin embargo, se propone hacer crecer la comunión e, incluso cuando debe condenar con firmeza el mal, trata de no romper nunca la relación y la comunicación”.

Llegados a estos 50 números de Manos Misioneras, 50 meses de Manos Misioneras, queremos seguir siendo una herramienta de animación y dinamización misionera, de comunicación para los misioneros, de servicio a la Archidiócesis de Toledo, de cooperación con las Obras Misionales Pontificias, de compromiso para difundir la Palabra, la Vida, la Paz.

Hemos surgido de la Dirección Diocesana de Obras Misionales Pontificas de Toledo y de la Delegación Diocesana de Misiones de la Archidiócesis de Toledo. A ellos la gratitud por ser canales de comunicación, que han logrado que recobremos y acrecentemos “el fervor, «la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas […] Y ojalá el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo» (EG 10).

Editor y Coordinador de Manos Misioneras