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miércoles, 19 de octubre de 2016

Mora se anima con la campaña del DOMUND


Un año más, el Grupo de Amigos de la Misión, en la Parroquia Santa María de Altagracia de Mora, han comenzado la campaña del DOMUND, participando de manera especial en la animación y la dinamización misionera.

Voluntarios y colaboradores de la Parroquia han instalado mesas informativas para adelantar la celebración del DOMUND, animar y preparar la Jornada Mundial de las Misiones, que este año se celebrará el 23 de octubre.


En diferentes localizaciones de Mora, como la Iglesia Parroquial, las Capillas del Colegio Teresiano y del Cristo de la Vera Cruz, se han instalado las mesas informativas, en las que se hacía entrega de información misionera, revistas, explicando el lema de este año "Sal de tu Tierra". 

Esta Jornada Mundial de las Misiones 2016, DOMUND, el Papa Francisco nos invita a seguir profundizando en la misericordia de Dios Padre y a vivir con fidelidad el mensaje del Evangelio. El lema de este año es “Sal de tu tierra”; es una llamada a cada cristiano y cada comunidad a salir de su propia realidad y llevar la luz del Evangelio allí donde los hombres y mujeres de nuestro tiempo necesiten ver el rostro de Cristo. El mundo necesita de personas que, habiéndose encontrado con Cristo Salvador, ayuden a otros a realizar esta misma experiencia. Esta es la misión de todo cristiano, y en especial la de aquellos que han sido llamados por el Señor a entregar su vida por los más abandonados. Nos invita también a que nos dejemos llevar por el Espíritu Santo, que nos guía e impulsa a salir de nosotros mismos y de nuestra tierra; y oremos también de una manera especial pidiendo al Dueño de la mies que envíe trabajadores a su mies.


Los voluntarios y colaboradores de Mora han querido recordar a los 13000 misioneros españoles repartidos por todo el mundo, y entre ellos a los 142 de Toledo repartidos en 46 países, misioneros que son "singo del amor de Dios a los hombres, especialmente a sus protegidos los pobres".

También se ha recordado la importancia de las aportaciones económicas, especialmente en el DOMUND, que van destinadas a la colaboración con la actividad evangelizadora de los misioneros y las misioneras a través de las Obras Misionales Pontificias.



Con un claro y decidido #YoSoyDomund y #TenemosUnaMisión, el Grupo de Amigos de la Misión y la Parroquia Santa María de Altagracia de Mora animan para que este DOMUND sea más que una invitación a la salida, convirtiéndose en un verdadero compromiso misionero.


Arzobispo de Toledo: Todos estamos invitados a “salir”, como discípulos misioneros

Escrito del Arzobispo de Toledo, Monseñor Braulio Rodríguez Plaza,
con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones 2016


¿A dónde tenemos que ir como discípulos de Jesús? Está claro: a llevar el mensaje de la ternura y la compasión de Dios a toda la familia humana. Pero, ¿quién nos hace esa invitación? Alguien que está haciendo esta misma llamada desde hace muchos siglos, cuando le dijo a Abraham, el padre de los creyentes: “Sal de tu tierra, de tu patria, de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré” (Gén 12,1). ¿Desde hace tanto tiempo está Dios así? Sí, y Abraham salió a una nueva tierra. Y muchos lo hicieron a los largo de estos casi 40 siglos desde que fue invitado Abraham. “Pero yo estoy bien aquí”, dirás; “¿por qué tengo que salir de mí mismo, de mi casa, de mi comodidad?”. Aunque aquí haya muchos problemas y trabajo que hacer, se necesitan cristianos que, como discípulos misioneros, pongan al servicio de los demás los propios talentos, sabiduría y experiencia.

¿Quién envía? El envío y el destino lo hace Jesucristo y su Iglesia; y el papa Francisco, y el Obispo de una Diócesis, y una comunidad concreta. Entonces, ¿todos debemos ser misioneros en América, África, Asia y Oceanía? Hay que sentirse enviado todos, y no de la misma manera, a la misión que decimos “ad gentes”, pues es universal y no tiene fronteras. Esta misión “ad gentes”, a lugares donde la Iglesia de Cristo no está presente o está comenzando, es necesaria, porque hay mucha gente que está esperando lo más grande de Dios: su mensaje de ternura y compasión. El Padre de los cielos siente una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana frágil, que necesita el amor del Dios bondadoso, atento y fiel. Dios Padre quiere, por eso, que la manifestación más alta y consumada de su misericordia, que es Jesús, su Hijo, sea conocido y ofrecido a todos. Aceptando a Jesús, siguiéndole a Él como camino y por medio de su Evangelio y de los sacramentos, podemos llegar a ser misericordiosos como nuestro Padre de los cielos.


Tenemos que tener muy en cuenta, queridos católicos toledanos, que la Iglesia, de la que formamos parte es, por, en medio de la humanidad, la primera comunidad que vive de la misericordia de Cristo. Y ésta ha de llegar a todas partes. ¿Quiere esto decir que todos en esta Diócesis hemos de partir a todos los continentes y ser misioneros “ad gentes”? No será verdad tanta hermosura. No es eso. Todos tenemos que salir de nosotros mismos y amar y servir a los demás. Necesitamos esos misioneros que vayan a la misión. Ellos son lo mejor de lo mejor entre los discípulos de Jesús: hombres y mujeres, testigos del amor de misericordia. Y hemos de orar por ello y ayudarlos desde aquí.

Pero también son misioneros los que aquí vivimos, si verdaderamente somos testigos del amor de Jesucristo. Aquí debemos hacer el servicio de la caridad, junto a la labor evangelizadora. Aquí se necesitan católicos que no se queden en su “corralito”. Está la labor educativa, las campañas de ayuda en favor de esta o aquella misión o misionero. Si tú no estás preocupado por el servicio materno de la misericordia, que tanto ayuda a los pueblos que todavía no conocen al Señor, para que lo encuentren y lo amen, no eres misionero ni aquí ni allí, y no podrás oír la voz del Señor que dice: “Sal de tu tierra”. Lo único que harás será echar unas monedas al cestillo el día del Domund. Y eso no es.

Se necesitan misioneros “ad gentes”, personas concretas que vayan. Hay católicos que no pueden ir. Conozco a una comunidad de monjas de clausura que idearon ser misioneras, fundando una comunidad en África, no para salir del monasterio e ir de acá para allá. No. Enviaron allí a algunas Hermanas y desde España empeñaron su trabajo y su dinero. Pero desde allí, en África, les llegó la fuerza para tener un corazón más grande y universal, que da sentido a lo pequeño de cada día. Saben que su vida escondida en el claustro da fruto en el mundo entero.

Debemos estar inquietos por ese Cristo que deben conocer los que no han oído hablar de Él. Estar inquietos aquí; de lo contrario, ¿cómo habrá alguien que quiera marchar a otros lugares para anunciar la Buena Nueva de Jesús y ser misionero “ad gentes”?. “Sal de tu tierra” será una invitación que siempre sonará porque el Dios vivo sigue haciéndola. ¿Llegará hasta ti?

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo  
Primado de España
Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y de Cooperación con las Iglesias


Publicado en el "Padre nuestro", Publicación semanal del Arzobispado de Toledo, Año XXXIII, número 1422

jueves, 13 de octubre de 2016

¿Qué hace Dios por los que sufren?

Vídeo de Obras Misionales Pontificias España para la Jornada del DOMUND que este año se celebra bajo el lema sal de tu tierra


En el vídeo del Domund de este año un niño habla con su abuela sobre el sentido de la creación. Pronto surge un interrogante que, seguramente tú también te habrás planteado alguna vez. ¿Por qué Dios no hace nada por los que sufren?

Es la respuesta a esa pregunta la que convierte este vídeo en una oportunidad para cualquier cristiano de plantearse su vocación misionera, sea aquí, en el propio ambiente y en las propias circunstancias, sea partiendo a la misión, como invita el lema de este año "Sal de tu tierra".

Este es el vídeo del DOMUND 2016 ¡Compártelo con todos!




domingo, 25 de septiembre de 2016

Misiones Toledo preparados para el 90 aniversario del DOMUND


Miembros de la Delegación Diocesana de Misiones de Toledo y de la Dirección Diocesana de OMP han participado este fin de semana en la IX Jornada Diocesana de Reflexión Misionera para una acción conjunta

Este año se celebra el 90 Aniversario de la Jornada Mundial de las Misiones, el DOMUND, que se celebrará el domingo 23 de octubre, con el lema “Sal de tu Tierra”. Una ocasión propicia para volver a poner a toda la Archidiócesis de Toledo en “estado de misión”, para contribuir en la evangelización y en la difusión del trabajo pastoral y evangelizador de los 142 misioneros de Toledo que en la actualidad desarrollan su vocación en todo el mundo.

El Delegado Episcopal de Misiones de Toledo y Director Diocesano de Obras Misionales Pontificias, Jesús López Muñoz, recuerda la invitación del Papa Francisco “a sentirnos llamados a una nueva salida misionera, para salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”. De igual manera López Muñoz también destaca que “no debemos permitir que nuestras preocupaciones particulares encojan nuestro corazón, al contrario, la dimensión misionera nos abrirá el corazón, hará que lo ensanchemos para abarcar a toda la humanidad”.


Para la “puesta a punto” y preparación para el DOMUND 2016, miembros de la Delegación Diocesana de Misiones han participado este fin de semana en la IX Jornada Diocesana de Reflexión Misionera para una acción conjunta, en la que precisamente los responsables de Toledo han presentado el lema del DOMUND, “Sal de tu Tierra”, los materiales y han facilitado algunos apuntes esenciales para descubrir qué es la celebración de la Jornada Mundial de las Misiones.

En esta jornada, convocada por las Diócesis de Alcalá, Albacete, Castrense, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Getafe, Madrid y Toledo (Zona Centro de OMP), también se ha impartido una ponencia sobre “La familia misionera”, por la Dra. María Jesús Hernando, misionóloga, presentándose el vídeo del DOMUND, los materiales para la próxima campaña, culminando por el intercambio de experiencias e ideas, además de un testimonio misionero de una familia misionera y la celebración de una Eucaristía Misionera.

La “Pulsera misionera”


Como novedad de la Archidiócesis de Toledo para el DOMUND 2016 se presentó la “pulsera misionera”, impulsada por Misiones Toledo, que ya se ha convertido en una herramienta para la animación misionera, tanto para la próxima campaña del DOMUND como para la de Infancia Misionera.

La pulsera, que ha sido elaborada en colores verde o rojo, portando el nombre “Misiones Toledo”, posee un pequeño y fácil jeroglífico con un mensaje misionero por descubrir, que ayudará para trabajar el lema del DOMUND en las catequesis, niños, jóvenes, grupos, en definitiva para impulsar un DOMUND de un modo diferente.

La “pulsera misionera” puede ser solicitada en la Delegación Diocesana de Misiones, en el correo electrónico toledo@omp.es o en el teléfono 925224100 (Extensión 163). En la Delegación de Misiones se ofrecerá más información sobre la misma y además se explicará el modo más efectivo para la difusión y conocer todos los materiales del DOMUND 2016, elaborados por Obras Misionales Pontificias en España.


martes, 17 de mayo de 2016

Iglesia misionera, testigo de misericordia (Mensaje del Papa para el Domund 2016)

El Papa Francisco acaba de hacer público el mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2016 que se celebrará el 23 de octubre. En España  celebraremos el Domund con el lema "Sal de tu tierra"


Iglesia misionera, testigo de misericordia

Queridos hermanos y hermanas:

El Jubileo extraordinario de la Misericordia, que la Iglesia está celebrando, ilumina también de modo especial la Jornada Mundial de las Misiones 2016: nos invita a ver la misión ad gentes como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material. En efecto, en esta Jornada Mundial de las Misiones, todos estamos invitados a «salir», como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana. En virtud del mandato misionero, la Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor. Ella «tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio» (Bula Misericordiae vultus, 12), y de proclamarla por todo el mundo, hasta que llegue a toda mujer, hombre, anciano, joven y niño.

La misericordia hace que el corazón del Padre sienta una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana; desde el principio, él se dirige también con amor a las más frágiles, porque su grandeza y su poder se ponen de manifiesto precisamente en su capacidad de identificarse con los pequeños, los descartados, los oprimidos (cf. Dt 4,31; Sal 86,15; 103,8; 111,4). Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres; se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos (cf. Jr 31,20). El término usado por la Biblia para referirse a la misericordia remite al seno materno: es decir, al amor de una madre a sus hijos, esos hijos que siempre amará, en cualquier circunstancia y pase lo que pase, porque son el fruto de su vientre. Este es también un aspecto esencial del amor que Dios tiene a todos sus hijos, especialmente a los miembros del pueblo que ha engendrado y que quiere criar y educar: en sus entrañas, se conmueve y se estremece de compasión ante su fragilidad e infidelidad (cf. Os 11,8). Y, sin embargo, él es misericordioso con todos, ama a todos los pueblos y es cariñoso con todas las criaturas (cf. Sal 144.8-9).

La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado. Él revela el rostro del Padre rico en misericordia, «no sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica» (Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 2). Con la acción del Espíritu Santo, aceptando y siguiendo a Jesús por medio del Evangelio y de los sacramentos, podemos llegar a ser misericordiosos como nuestro Padre celestial, aprendiendo a amar como él nos ama y haciendo que nuestra vida sea una ofrenda gratuita, un signo de su bondad (cf. Bula Misericordiae vultus, 3). La Iglesia es, en medio de la humanidad, la primera comunidad que vive de la misericordia de Cristo: siempre se siente mirada y elegida por él con amor misericordioso, y se inspira en este amor para el estilo de su mandato, vive de él y lo da a conocer a la gente en un diálogo respetuoso con todas las culturas y convicciones religiosas.

Muchos hombres y mujeres de toda edad y condición son testigos de este amor de misericordia, como al comienzo de la experiencia eclesial. La considerable y creciente presencia de la mujer en el mundo misionero, junto a la masculina, es un signo elocuente del amor materno de Dios. Las mujeres, laicas o religiosas, y en la actualidad también muchas familias, viven su vocación misionera de diversas maneras: desde el anuncio directo del Evangelio al servicio de caridad. Junto a la labor evangelizadora y sacramental de los misioneros, las mujeres y las familias comprenden mejor a menudo los problemas de la gente y saben afrontarlos de una manera adecuada y a veces inédita: en el cuidado de la vida, poniendo más interés en las personas que en las estructuras y empleando todos los recursos humanos y espirituales para favorecer la armonía, las relaciones, la paz, la solidaridad, el diálogo, la colaboración y la fraternidad, ya sea en el ámbito de las relaciones personales o en el más grande de la vida social y cultural; y de modo especial en la atención a los pobres.

En muchos lugares, la evangelización comienza con la actividad educativa, a la que el trabajo misionero le dedica esfuerzo y tiempo, como el viñador misericordioso del Evangelio (cf. Lc 13.7-9; Jn 15,1), con la paciencia de esperar el fruto después de años de lenta formación; se forman así personas capaces de evangelizar y de llevar el Evangelio a los lugares más insospechados. La Iglesia puede ser definida «madre», también por los que llegarán un día a la fe en Cristo. Espero, pues, que el pueblo santo de Dios realice el servicio materno de la misericordia, que tanto ayuda a que los pueblos que todavía no conocen al Señor lo encuentren y lo amen. En efecto, la fe es un don de Dios y no fruto del proselitismo; crece gracias a la fe y a la caridad de los evangelizadores que son testigos de Cristo. A los discípulos de Jesús, cuando van por los caminos del mundo, se les pide ese amor que no mide, sino que tiende más bien a tratar a todos con la misma medida del Señor; anunciamos el don más hermoso y más grande que él nos ha dado: su vida y su amor.

Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos. Esto es más necesario todavía si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz. El mandato del Evangelio: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20) no está agotado, es más, nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a sentirnos llamados a una nueva «salida» misionera, como he señalado también en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium: «Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (20).

En este Año jubilar se cumple precisamente el 90 aniversario de la Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe y aprobada por el Papa Pío XI en 1926. Por lo tanto, considero oportuno volver a recordar la sabias indicaciones de mis predecesores, los cuales establecieron que fueran destinadas a esta Obra todas las ofertas que las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos eclesiales de todo el mundo pudieran recibir para auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas y para fortalecer el anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra. No dejemos de realizar también hoy este gesto de comunión eclesial misionera. No permitamos que nuestras preocupaciones particulares encojan nuestro corazón, sino que lo ensanchemos para que abarque a toda la humanidad.

Que Santa María, icono sublime de la humanidad redimida, modelo misionero para la Iglesia, enseñe a todos, hombres, mujeres y familias, a generar y custodiar la presencia viva y misteriosa del Señor Resucitado, que renueva y colma de gozosa misericordia las relaciones entre las personas, las culturas y los pueblos.

Francisco
Vaticano, 15 de mayo de 2016, Solemnidad de Pentecostés
Texto publicado en www.vatican.va