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jueves, 28 de marzo de 2019

El Papa Francisco a los misioneros: “quemáis” vuestra vida por el Evangelio


En la Audiencia General del pasado miércoles 27 de marzo, el Papa condecoraba a la misionera italiana, Maria Concetta Esu, por su compromiso a favor de la vida y la familia. Francisco ya había hablado en otra ocasión de esta hermana durante la audiencia general del 2 de diciembre de 2015, al volver de su viaje a Kenia, Uganda y la República Centroafricana. El reconocimiento a Sor Maria Concetta el Papa lo ha extendido a todos los misioneros:

“Hoy tenemos la alegría de tener con nosotros a una persona que deseo presentaros. Es Sor Maria Concetta Esu, de la Congregación de las Hijas de San José de Genoni. ¿Por qué lo hago? Sor Maria Concetta tiene 85 años, y desde casi 60 es misionera en África, donde desarrolla su servicio como obstetra. Un aplauso. Yo la conocí en Bangui, cuando fui a abrir el Jubileo de la Misericordia. Allí ella me contó que durante su vida ha ayudado a nacer a miles de niños. ¡Qué maravilla! También aquel día había venido desde el Congo en canoa – con 85 años – a hacer compras a Bangui.

Ha venido estos días a Roma para un encuentro con sus hermanas, y hoy ha venido a la audiencia con su superiora. He pensado entonces aprovechar esta ocasión para darle un signo de reconocimiento y decirle un gran gracias por su testimonio.

Querida hermana, en nombre mío y de la Iglesia, te ofrezco una condecoración. Es un signo de nuestro afecto y de nuestro ‘gracias’ por toda la labor que has llevado a cabo en medio de las hermanas y hermanos africanos, al servicio de la vida, de los niños, de las mamás y de las familias.

Con este gesto dedicado a ti expreso también mi reconocimiento a todos los misioneros y misioneras, sacerdotes, religiosos y laicos, que esparcen la semilla del Reino de Dios en todas partes del mundo. Vuestra labor, queridos misioneros y misioneras, es grande. Vosotros ‘quemáis’ vuestra vida sembrando la palabra de Dios con vuestro testimonio… Y con ello no sois noticia. No sois noticia en los periódicos. El cardenal Hummes, que es el encargado del Episcopado brasileño, de toda la Amazonia, va con frecuencia a visitar las ciudades y los pueblos de la Amazonia. Y cada vez que va allí – me lo ha contado él mismo – va al cementerio y visita las tumbas de los misioneros; muchos muertos en la juventud por enfermedades contra las cuales no tenían anticuerpos. Y me ha dicho: ‘Todos estos merecen ser canonizados’, porque han ‘quemado’ su vida en el servicio.

Queridos hermanos y hermanas, Sor Maria Concetta, después de esta tarea, volverá a África en estos días. Acompañémosla con la oración. Que su ejemplo nos ayude a todos a vivir el Evangelio allí donde estemos.

¡Gracias, hermana! Que el Señor te bendiga y la Virgen te proteja”.

Fuente: OMPress

sábado, 19 de enero de 2019

Nombramiento del nuevo director nacional de OMP en España, José María Calderón Castro

La Santa Sede, a través del prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, cardenal Fernando Filoni, ha nombrado a José María Calderón Castro director nacional de Obras Misionales Pontificias (OMP), para el próximo quinquenio (19 de diciembre 2018 - 18 de diciembre 2023).


José María Calderón nació en Madrid en 1963. Ordenado en 1989, ha ejercido su ministerio sacerdotal en diversas parroquias de la diócesis de Madrid. Se licenció en Teología -especialidad en Moral-, y ha sido, entre otras muchas tareas, consiliario diocesano de Acción Católica, consiliario diocesano de Manos Unidas y desde 2007 delegado episcopal de misiones y director diocesano de OMP de Madrid. Muy vinculado al mundo misionero, ha colaborado con las Misioneras de la Caridad como capellán y confesor, y ha tenido experiencias misioneras de verano con jóvenes en países como Etiopía, Cuba, Sierra Leona y República Dominicana entre otros.

Tras conocer su nombramiento, el nuevo director de OMP hizo esta declaración: "Estoy muy contento de servir a la Iglesia para la que me ordené, y estoy muy contento de hacerlo a través de las misiones; creo que es una tarea preciosa y fundamental, importantísima en la vida de la Iglesia y en la vida de cada bautizado. Estoy muy contento de poder servir a la Iglesia como la Iglesia me pide servirla. Es verdad que el reto es muy grande, porque mi antecesor, don Anastasio Gil, ha dejado el listón muy alto y no puedo contar en este nuevo cargo ni con su ayuda, ni con su sabiduría. Pero con la gracia de Dios y la ayuda de todas las personas que trabajan en Obras Misionales Pontificias, espero hacer lo que la Iglesia espera de mí y servir a la evangelización, que es lo más importante que tiene la Iglesia ahora mismo".

Hoy asume en España la dirección nacional de OMP, la institución de la Santa Sede encargada de promover entre las comunidades cristianas el espíritu misionero y de canalizar las aportaciones de los fieles de todo el mundo hacia los territorios de misión.

El anterior director de OMP, Anastasio Gil, fallecido el 7 de septiembre de 2018 estuvo al frente de las Obras Misionales Pontificias durante 7 años (2011 - 2018). Contó con la estrecha colaboración de José María Calderón como subdirector de OMP desde el 28 de diciembre de 2017. Calderón era hasta la fecha el máximo responsable de OMP.

Fuente: OMP España

jueves, 21 de diciembre de 2017

Tres nuevos sacerdotes para Lurín (Perú)


Desde la Diócesis de Lurín (Perú), el Padre Julio Alonso Ampuero, misionero diocesano de Toledo, nos informa que cuando la solemnidad de la Inmaculada declinaba ya en Toledo, en Lurín (Perú), donde hay seis horas de diferencia, comenzaban a vivir otro milagro del Señor: la ordenación de tres nuevos sacerdotes.

En efecto, el día ocho, a las cuatro de la tarde, tenía lugar la ordenación de Edgard, Ángel y Martín. Son un don de Dios para esta diócesis de Lurín, todavía tan necesitada de la ayuda de los sacerdotes de Toledo y de otros lugares.

Ha sido una hermosa fiesta. Como la catedral es pequeña y no podría acoger a los numerosos fieles que participarían, la celebración tuvo lugar en la parroquia Niño Jesús. Con el obispo diocesano concelebraron casi la totalidad de los sacerdotes que ejercen su ministerio en esta diócesis. En un clima de fe, y a la vez muy emotivo, cada uno de los diáconos dio su sí a Cristo para compartir su sacerdocio como presbíteros. Un sí para ser sacerdotes santos. Un sí para ser despojados de todo y revestirse de solo Cristo, humilde, obediente, célibe, pobre, orante... Un sí para ser pastores que gasten su vida en el servicio de evangelizar a todos, especialmente a los más pobres y a los más alejados. Un sí para construir la Iglesia, para embellecerla dando la vida por ella.

Ser en el mundo transparencia de Cristo, ser encarnación del amor de Dios hacia cada persona, ser rostro visible de Aquel que busca apasionadamente a cada hombre: esa es la razón, ése el ideal.

Para Toledo esta ordenación significa también un recoger frutos del empeño misionero que comenzó en el año 1994. En aquella fecha, con el impulso del cardenal Don Marcelo, se inició una misión diocesana en el sur de Lima, actual diócesis de Lurín. Desde entonces han sido numerosos los sacerdotes y laicos toledanos que han colaborado con esta Iglesia particular. En la actualidad somos tres los sacerdotes que seguimos prestando nuestro servicio en ella.

Desde hace trece años una de las responsabilidades encomendada es el seminario. Son ya quince los sacerdotes ordenados formados en él. Un número importante, pero insuficiente para atender esta diócesis, que cuenta con más de dos millones de habitantes y sólo unos ochenta sacerdotes, parte de los cuales son misioneros venidos de otros países.

Damos gracias a Dios por estos tres nuevos sacerdotes, don inestimable, y compartimos este gozo con nuestra diócesis de Toledo, a la vez que pedimos al Señor que esta ordenación se convierta en llamada al sacerdocio para otros jóvenes, y en llamada a la misión para los sacerdotes de Toledo.


martes, 17 de mayo de 2016

Iglesia misionera, testigo de misericordia (Mensaje del Papa para el Domund 2016)

El Papa Francisco acaba de hacer público el mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2016 que se celebrará el 23 de octubre. En España  celebraremos el Domund con el lema "Sal de tu tierra"


Iglesia misionera, testigo de misericordia

Queridos hermanos y hermanas:

El Jubileo extraordinario de la Misericordia, que la Iglesia está celebrando, ilumina también de modo especial la Jornada Mundial de las Misiones 2016: nos invita a ver la misión ad gentes como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material. En efecto, en esta Jornada Mundial de las Misiones, todos estamos invitados a «salir», como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana. En virtud del mandato misionero, la Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor. Ella «tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio» (Bula Misericordiae vultus, 12), y de proclamarla por todo el mundo, hasta que llegue a toda mujer, hombre, anciano, joven y niño.

La misericordia hace que el corazón del Padre sienta una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana; desde el principio, él se dirige también con amor a las más frágiles, porque su grandeza y su poder se ponen de manifiesto precisamente en su capacidad de identificarse con los pequeños, los descartados, los oprimidos (cf. Dt 4,31; Sal 86,15; 103,8; 111,4). Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres; se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos (cf. Jr 31,20). El término usado por la Biblia para referirse a la misericordia remite al seno materno: es decir, al amor de una madre a sus hijos, esos hijos que siempre amará, en cualquier circunstancia y pase lo que pase, porque son el fruto de su vientre. Este es también un aspecto esencial del amor que Dios tiene a todos sus hijos, especialmente a los miembros del pueblo que ha engendrado y que quiere criar y educar: en sus entrañas, se conmueve y se estremece de compasión ante su fragilidad e infidelidad (cf. Os 11,8). Y, sin embargo, él es misericordioso con todos, ama a todos los pueblos y es cariñoso con todas las criaturas (cf. Sal 144.8-9).

La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado. Él revela el rostro del Padre rico en misericordia, «no sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica» (Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 2). Con la acción del Espíritu Santo, aceptando y siguiendo a Jesús por medio del Evangelio y de los sacramentos, podemos llegar a ser misericordiosos como nuestro Padre celestial, aprendiendo a amar como él nos ama y haciendo que nuestra vida sea una ofrenda gratuita, un signo de su bondad (cf. Bula Misericordiae vultus, 3). La Iglesia es, en medio de la humanidad, la primera comunidad que vive de la misericordia de Cristo: siempre se siente mirada y elegida por él con amor misericordioso, y se inspira en este amor para el estilo de su mandato, vive de él y lo da a conocer a la gente en un diálogo respetuoso con todas las culturas y convicciones religiosas.

Muchos hombres y mujeres de toda edad y condición son testigos de este amor de misericordia, como al comienzo de la experiencia eclesial. La considerable y creciente presencia de la mujer en el mundo misionero, junto a la masculina, es un signo elocuente del amor materno de Dios. Las mujeres, laicas o religiosas, y en la actualidad también muchas familias, viven su vocación misionera de diversas maneras: desde el anuncio directo del Evangelio al servicio de caridad. Junto a la labor evangelizadora y sacramental de los misioneros, las mujeres y las familias comprenden mejor a menudo los problemas de la gente y saben afrontarlos de una manera adecuada y a veces inédita: en el cuidado de la vida, poniendo más interés en las personas que en las estructuras y empleando todos los recursos humanos y espirituales para favorecer la armonía, las relaciones, la paz, la solidaridad, el diálogo, la colaboración y la fraternidad, ya sea en el ámbito de las relaciones personales o en el más grande de la vida social y cultural; y de modo especial en la atención a los pobres.

En muchos lugares, la evangelización comienza con la actividad educativa, a la que el trabajo misionero le dedica esfuerzo y tiempo, como el viñador misericordioso del Evangelio (cf. Lc 13.7-9; Jn 15,1), con la paciencia de esperar el fruto después de años de lenta formación; se forman así personas capaces de evangelizar y de llevar el Evangelio a los lugares más insospechados. La Iglesia puede ser definida «madre», también por los que llegarán un día a la fe en Cristo. Espero, pues, que el pueblo santo de Dios realice el servicio materno de la misericordia, que tanto ayuda a que los pueblos que todavía no conocen al Señor lo encuentren y lo amen. En efecto, la fe es un don de Dios y no fruto del proselitismo; crece gracias a la fe y a la caridad de los evangelizadores que son testigos de Cristo. A los discípulos de Jesús, cuando van por los caminos del mundo, se les pide ese amor que no mide, sino que tiende más bien a tratar a todos con la misma medida del Señor; anunciamos el don más hermoso y más grande que él nos ha dado: su vida y su amor.

Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos. Esto es más necesario todavía si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz. El mandato del Evangelio: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20) no está agotado, es más, nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a sentirnos llamados a una nueva «salida» misionera, como he señalado también en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium: «Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (20).

En este Año jubilar se cumple precisamente el 90 aniversario de la Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe y aprobada por el Papa Pío XI en 1926. Por lo tanto, considero oportuno volver a recordar la sabias indicaciones de mis predecesores, los cuales establecieron que fueran destinadas a esta Obra todas las ofertas que las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos eclesiales de todo el mundo pudieran recibir para auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas y para fortalecer el anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra. No dejemos de realizar también hoy este gesto de comunión eclesial misionera. No permitamos que nuestras preocupaciones particulares encojan nuestro corazón, sino que lo ensanchemos para que abarque a toda la humanidad.

Que Santa María, icono sublime de la humanidad redimida, modelo misionero para la Iglesia, enseñe a todos, hombres, mujeres y familias, a generar y custodiar la presencia viva y misteriosa del Señor Resucitado, que renueva y colma de gozosa misericordia las relaciones entre las personas, las culturas y los pueblos.

Francisco
Vaticano, 15 de mayo de 2016, Solemnidad de Pentecostés
Texto publicado en www.vatican.va

viernes, 14 de agosto de 2015

Intención Misionera del Papa Francisco para el mes de agosto

"Salir de nosotros mismos, hacernos prójimos de quienes se encuentran en las periferias humanas y sociales” nos invita el Papa Francisco en su intención misionera para este mes de agosto


Salir de uno mismo es ser misionero. Cruzar nuestras propias fronteras, dejando de lado las comodidades que nos llevan a una vida de desgano, de mediocridad, de queja continua. Es mirar a nuestro alrededor a los hermanos que sufren y que viven alejados de las relaciones humanas, en soledad, discriminados.

Es el contacto con el otro que me hace crecer y padecer precisamente las necesidades de los demás. Es lo que Jesús pidió a sus “pescadores” de hombres: el encuentro con el otro para amar, dando y recibiendo.

Los misioneros pueden ser modelos a los que imitar. Ellos han sabido bien salir de si mismos, para ir al encuentro del otro, del hermano, del que sufre y necesitado, del que no conoce el Amor de Dios.

Que el Espíritu nos invite a ser misioneros y nos lleve donde quiera para atender a quiénes más pueden necesitarlo.


P. Dante De Sanzzi
OMP Argentina