martes, 23 de abril de 2019

El Padre Christopher Hartley y una auténtica “quijotada evangélica”

El Padre Christopher Hartley, misionero diocesano de Toledo, nos hace llegar su última "Carta desde el Desierto", ¡y ya van 29!.

Carta que compartimos en esta página de manera íntegra, por ser un llamado de atención, lleno de gratitud misionera por la generosidad y la solidaridad mostrada ante el llamamiento desgarrador y angustiado que lanzara en marzo de 2017 nuestro misionero diocesano.


Para poder colaborar con este proyecto misionero, podéis conseguir más información en



Queridos amigos de la misión.
Muchos de vosotros recordaréis que allá por el mes de marzo de 2017 os lancé un grito angustiado con aquella carta desde el desierto “Cuando hasta los camellos se mueren de sed”. Y es que estas vastísimas regiones desérticas de la región somalí de Etiopía, verdaderamente se morían de sed. Hombres, animales, ganados, tierras de cultivo... todo agonizaba por la falta de lluvia.
Nunca podré olvidar el derroche de generosidad que recibimos de todos los rincones de la tierra. Quedé profundísimamente impactado por vuestra pronta y abundantísima respuesta.
Con vuestros aportes económicos, pudimos colaborar con otras instituciones tanto gubernamentales como privadas en paliar la urgente necesidad de agua. Lo hicimos por dos vías. Con vuestros donativos, contratamos un número significativo de camiones- cisterna para llevar agua inmediatamente a las poblaciones más remotas de la región. Yo personalmente supervisé y acompañé a dichos camiones, para asegurarme de que llegaran a su destino.
Sabía que esto no podía ser una solución a medio o largo plazo, pero era ayuda inmediata y efectiva para ayudar a paliar la terrible necesidad de las gentes.
¡Nadie puede vivir sin agua!
Sin embargo, me di cuenta de que había que hacer mucho más, que la Iglesia Católica podía hacer mucho más para aportar una solución más permanente a la endémica escasez de agua; sobre todo agua potable para consumo humano.


Fue así como nació el proyecto que ahora estamos terminando. Un sistema de bombeo de agua del río Wabi Shebelle, que pasa por delante de nuestra propiedad, para que, a través de un proceso de filtrado, pudiese esta agua purificada ser bombeada a un depósito elevado y de allí, por gravedad, distribuida a donde mayor sea la necesidad.
Este proyecto fue diseñado por un magnífico equipo de ingenieros, tanto españoles como etíopes, que, con su competencia, profesionalidad y entusiasmo, nos han ayudado ha hacer realidad un sueño. Un sueño que nació de una angustiosa pesadilla, la de ver a miles y miles de personas, animales y tierras, acartonarse y resecarse por falta del agua de la vida.
Sois muchísimos los que a lo largo de estos casi dos años de diseño y ejecución del proyecto, nos habéis ayudado con vuestros donativos. Este milagro os lo debemos a vosotros, que os habéis dejado mover por la generosidad y la bondad de vuestros corazones.
Como dice el viejo dicho de que una imagen vale más que mil palabras. Aquí os dejo, al final de la carta una selección de fotografías que os darán una idea, tanto del problema al que nos enfrentamos, como al aporte que la Iglesia Católica, va a hacer para que, de manera permanente, estas gentes tengan acceso al agua potable.
Os recuerdo que la primera piscina tiene una capacidad para 200,000 litros de agua (que al ser bombeada del río parece más Cola Cao) y el depósito de elevado de agua ya potable, tiene una capacidad de 50,000 litros.
Para que os hagáis una idea y para que entendáis la magnitud del proyecto, las autoridades etíopes estiman, que un depósito de agua elevado de las dimensiones que os acabo de indicar es lo que se necesita para dar agua potable a todo un barrio en Addis Ababa; es decir, a muchos miles de personas.
Ya solo nos falta realizar el pago final. Si alguien quisiera colaborar para que podamos rematar este último pago, al final de la carta tenéis los datos de la cuenta del banco para terminar esta obra.
No puedo dejar de subrayar que ha sido este un proyecto gigantesco. Una auténtica “quijotada evangélica”, pero el Buen Dios a tocado muchos corazones (¡y sus correspondientes bolsillos!) y entre todos hemos hecho posible el milagro de ver de nuevo el desierto florecer. Si no os hubieseis dejado mover por el soplo poderoso del Espíritu, la Iglesia nunca hubiese podido salir al encuentro del grito de Cristo en estos hombres mujeres y niños: “Tuve sed y me distéis de beber...” (Mt 25:35).
En estas interminables tierras áridas, inhóspitas, tan sedientas de agua de beber y mucho más sedientas del Agus viva del Evangelio que es Cristo Jesús, los “signos de credibilidad¨ que da la Iglesia son la mejor y más elocuente manera de evangelizar a


estas gentes somalíes, cuyo fanatismo religioso queda hondamente impactad no por la fugacidad de nuestras pobres y torpes palabras, sino por la invencible fuerza de la caridad cristiana, Cristo vive que habita y actúa en el corazón de cada católico misionero que viene aquí a evangelizar a estas gentes.
Ante el Sagrario de la misión oramos cada día por todos vosotros.
Padre Christopher