miércoles, 1 de julio de 2020

Un sacerdote misionero de Toledo desde Uruguay


El padre Rodrigo Vargas, sacerdote diocesano de Toledo, miembro de la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana, la conocida OCSHA, escribe desde Castillos, una localidad del este del país, donde vive entre confinamientos y labor sacerdotal. “Deseo agradecer todos los correos, cartas y material que voy recibiendo periódicamente. Aunque la distancia física parece alejarnos, los medios de la técnica nos mantienen unidos con esa cercanía que todos necesitamos. Mi felicitación a todos ustedes por la labor de coordinar tantos proyectos humanos y espirituales hasta los confines de la tierra, como nos señala el Evangelio. En Uruguay tuvimos el primer caso de coronavirus el 13 de marzo. El día 15 iniciamos el confinamiento. Se suspendieron las celebraciones y vivimos una Semana Santa muy diferente. Gracias a internet pudimos atender a muchas personas que estaban pasando situación de cuarentena. Una comunicación que no es presencial pero que no deja de ser evangelizadora. Las cifras aquí son de 907 casos confirmados y 26 fallecidos.

En estos momentos me encuentro en la parroquia San Vicente Mártir, de Castillos, nombramiento que recibí en 2015. Atendiendo la Parroquia de La Paloma desde septiembre del pasado año. Labor pastoral en una franja costera al sureste del país, de 80 kms. Un total de dos sedes parroquiales y 12 capillas. El mes pasado se unificaron las diócesis de Maldonado y Minas, quedando enmarcada dentro de los departamentos de Maldonado, Rocha y Lavalleja. Yo trabajo en la zona sur – centro del departamento de Rocha. En Castillos la pastoral es una atención personalizada en un mundo rural con altos índices de suicidios y desempleo. El flagelo de la droga cada vez golpea más fuerte a jóvenes y adultos. En La Paloma repartimos canastas de comida a familias muy deprimidas, miembros en la cárcel y, como en Castillos, carencia de sentido de la vida. Uruguay nos implica en una pastoral del ‘tú a tú’. Cada persona es plena dedicación.

Ante esta pandemia que tanto nos preocupa, miremos a Dios pidiendo que nos aumente la fe y reconozcamos esa falsa seguridad que nos estaba llevando a no reconocer nuestros propios pecados. Pensemos en un tiempo propicio para la purificación, para un cambio de mentalidad buscando con mayor ansia el rostro de Dios. Recordemos las palabras del salmista. El hombre disperso, contradictorio, caprichoso, dominador del bien y del mal, encerrado ante algo que hay en el ambiente, un enemigo invisible que ha hipotecado nuestro futuro. Un futuro materialista en el que estábamos inmersos, una progresiva deshumanización, olvidándonos de quiénes somos y hacia donde caminamos. Recuperemos el medio ambiente, la familia, los valores perdidos que tanto anhelamos. Meditemos sobre quiénes somos, recordando el salmo 8. Oremos con el salmo 90 que nos habla de la peste funesta como sombra de muerte pero reconociendo que Dios no nos ha olvidado porque Él es nuestro Amparo”.

Fuente: OMPress